Fondo de emergencia: Una anécdota personal
Historia basada en hechos reales.
Fue por allá por el año 2000, en febrero. Tenía pocos años de casado, quizás dos, con un hijo de apenas un año, y con una esposa que tenía muchas esperanzas, y juntos teníamos más sueños que pesos en el banco.
Más sueños que pesos.
Yo trabajaba en el DIF estatal, y era responsable técnico del programa de desayunos escolares fríos, que se componían de una lechita saborizada, una galleta y una bolsita de cacahuates o palanqueta. Como en todos los inicios de los años, enero y febrero eran meses de licitaciones para compras de muchos insumos, entre otras cosas, los componentes del desayuno. Como jefe del área técnica, mi firma era necesaria (junto con la de los jefes administrativos) para proceder con la compra al ganador de la licitación. Y durante tres años, las cosas fueron bien, todo estaba en regla y aunque había situaciones que mejorar, en general nos iba bastante bien con la operación de los programas.
Sin embargo, cambió la administración estatal y llegó a la dirección administrativa de esa dependencia, una persona con malas mañas, y con el argumento de que era un compromiso político, me pidió firmar un documento con que se adjudicaba la licitación para la compra de la leche del desayuno escolar para ese año, lo que implicaba darle el contrato a una empresa mexiquense cuyo precio no era el menor, sino el segundo. La diferencia entre la mejor propuesta y esta era un centavo por envase de leche de 250 ml.
Sólo un centavo.
Pero como el volumen era muy grande, la diferencia entre un precio y otro hacía que la cantidad aumentara varios millones de pesos.
- "Tiene que firmar", me dijo el director de administración, una persona dizque contador, con antecedentes en un partido político, "es la instrucción".
- No puedo firmar en esa condición, porque en una auditoría no podría explicarlo -contesté.
- No importa, es compromiso político.
- Pues no, no firmo, porque en una auditoría, al que meten a la cárcel es a mí. Si es una instrucción, que lo pongan por escrito. -me sostuve.
- ¿Es su última palabra? -me amenazó el tal contador.
- ¿No hay alguna manera de mejorar el precio, o partir el surtimiento? Puede haber alguna solución -dije ingenuamente.
- No, no la hay, es la indicación, que firme.
- Pues no puedo hacerlo así. Me pongo la soga al cuello. Si es instrucción, que sea por escrito.
- ¿Es su última palabra? -volvió a decir
- Si, no firmaré, porque no es lo correcto.
Y se fue el tal contador H (no por honorable, sino porque su nombre empezaba con H, de Héctor).
Yo sabía que había cruzado una línea peligrosa. Al día siguiente, me llamaron a las 9:15 AM para ir a la presidencia del DIF estatal a firmar mi renuncia.
Para las 10:30 AM, de una soleada mañana, pero en la que no me calentaba el sol, ya estaba de vuelta en mi casa. Honrado, pero sin empleo. En gobierno no hay liquidaciones, así que mi esposa y yo nos abrazamos y nos preguntamos "¿y qué hacemos?" Porque el niño tenía que comer, la renta había que pagarla, y la vida seguía.
Ahí aprendí el concepto de fondo de emergencia. La teoría vendría después, ahí estaba la práctica pura y dura.
Pura y dura.
Y la emergencia es mala consejera. Aceptas trabajos de lo que sea, como sea, bien o mal pagado. Y aprendimos otra cosa que el tiempo ha confirmado: tus relaciones están en función del puesto, no de la persona. Al ser desempleado, ninguno de mis "amigos" o "conocidos" me dieron alguna oportunidad, siquiera un trabajo de chofer, ayudante general, lo que fuera.
Pasó casi medio año mientras pude conseguir un trabajo de medio tiempo. En el inter, hice gelatinas y mermeladas para vender en escuelas y panaderías cercanas. Fue muy rudo, pues además de los gastos ordinarios, hubo algunos pocos "extraordinarios" como enfermedades y reparaciones; sin embargo, creo que aprendimos la lección: la emergencia no avisa, por lo que no hay ningún otro amigo que unos pesos en la bolsa.
Unos pesos en la bolsa.
Después de 25 años, hoy puedo decirle que sé perfectamente lo que se siente no tener fondo de emergencia; salimos del apuro (de la quiebra económica) con trabajos, con disciplina, con unión. Quizás no pueda expresarle con palabras lo oscuras y largas que fueron las noches de ese periodo, tantos rechazos en las ofertas laborales, pero lo que sí puedo mencionar es que no espere que llegue la situación apremiante para tener un guardadito, tenga cuando menos un trimestre de sueldo, y no en una inversión a 180 días, sino un poco más disponible, para pensar un poco más claramente cuando la emergencia toque la puerta.
Mi consejo (no solicitado) de hoy: Aprenda finanzas personales, los conceptos y la práctica. Dónde quiera, dónde pueda, pero hágalo. No espere. No diga "hubiera".
A veces, en alguna conferencia, me preguntan qué experiencia tengo en el área de finanzas, respecto a la autoría de mi libro. Pues mi experiencia, como esta de la utilidad del fondo de emergencias, es en campo, sacando una familia adelante con el apoyo de mi amada esposa cuando me quedé sin trabajo de un día para otro.
Nada más.
Artículo de origen: Fondo de emergencia: Por qué y cómo.
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📍 Página del autor: https://www.amazon.com/Alain-Salom%C3%B3n-S%C3%A1nchez-T%C3%A9llez/e/B01M0KOBVV
Fecha de actualización: 23 de abril de 2026

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